shoara Blue Shoara

- Piénsalo bien Park. - levantó una mano mientras hablaba - subir de categoría cobrando más dinero, con una carta de recomendación además de un informe favorable y con más privilegios o... - levantó la otra - irte a la calle, sin cobrar, con un mal informe sobre ti... y sin poder acabar la carrera.... Tú decides. Dónde Namjoon le ofrece un trato a Jimin que no podrá rechazar...


Fan-Fiction Bands/Sänger Nur für über 18-Jährige.

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Kurzgeschichte
2
698 ABRUFE
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Trato de favor

Namjoon maldijo por cuadragésimo quinta vez en lo que llevaba de mañana. Se reclinó en la silla intentando respirar profundamente para calmarse. Cuando creyó que lo había logrado, apretó el botón del intercomunicador que había en el teléfono, y sin esperar si había alguien al otro lado, lanzó su orden.


- Jin, mándame al responsable de los documentos del caso Min contra Jung. ¡Ahora! – soltó el botón, pero volvió a apretarlo - ¡Y de paso que me traiga un café bien cargado!

- Sí, señor Kim, enseguida lo mando – Jin respondió.


En cuanto hubo respondido, soltó un suspiro compadeciéndose del pobre diablo que hubiera transcrito los documentos por los que su jefe estaba tan cabreado. Rebuscó en su planning para ver a quien le había encomendado la tarea y lo halló. Descolgó el teléfono y marcó la extensión, en cuanto contestaron al otro lado de la línea, habló.


- El jefe quiere verte en su despacho, está muy cabreado, llévale un café bien cargado, con triple de azúcar moreno y una nube de leche de soja con sabor a vainilla. Y date prisa, no le gusta esperar. ¡Ah! Y lleva los documentos que tengas del caso Min contra Jung. Yo que tú me daría muuuucha prisa…. Al jefe no le gusta dar una orden y tener que esperar, así que mueve tu lindo trasero. – tras eso colgó, rogando para que el chico fuese rápido. No quería tener que aguantar los gritos del señor Kim.


El muchacho se quedó mirando al teléfono como si este hablara, hasta que reaccionó y colgó. Rebuscó con prisa los documentos solicitados y cuando estaba a medio camino entre su cubículo y la oficina de su jefe se acordó del café. Tuvo que correr hasta la sala donde tenían la cafetera y maldecir hasta en indio apache cuando se encontró con que alguien había acabado el café y no había hecho más. A toda prisa puso la cafetera rezando para que saliese rápido el café, lo cual obviamente no ocurrió. El café sale a la velocidad que sale y las prisas nunca fueron buenas. Si no que se lo digan al bueno de Park.


Cuando consiguió tener el suficiente café como para llenar la taza, quito la jarra de la cafetera sirviéndolo en la cerámica. Ahora lo que no recordaba era lo de la leche. ¿Sin lactosa? ¿Con azúcar? ¿Sin ella? Ante la prisa, cogió lo primero que encontró y corrió a la oficina del jefe. Al pasar por delante del puesto de Jin, le saludó.


- Vaya… sólo media hora tarde… el jefe va a estar muy contento… - dijo mientras sacaba unos tapones para los oídos, lo que Jimin intuyó que era una ironía.


Suspiró y llamó a la puerta, intentando que nada se le cayera de las manos. Admira a Taehyung e incluso al otro becario, Jungkook, porque tienen esas grandes manos y brazos con los que sujetan los documentos con porte y elegancia, no como él. Sabía que debería haber bebido más leche cuando era pequeño pero claro… quiso ser rebelde y…


- ¡Entra! – dijo una voz potente, interrumpiendo sus pensamientos.


Abrió la puerta y con los nervios perdió un par de folios, casi se tropieza con sus propios pies y estuvo a puntito de tirarle el café a su jefe encima.


Dejó la taza cerca del mayor, y salió corriendo a buscar las hojas que se le habían caído, causando que se le cayeran otras cuantas en el proceso. Cuando consiguió reunirlas, se las llevó al jefe, quien se veía a punto de perder la paciencia.

- ¿Eso es todo el archivo del caso Min contra Jung? – preguntó con esa voz potente.

- Sí, señor.

- ¿Y a qué demonios esperas para dármelo? Necesito cotejar folio por folio lo que está escrito porque alguna clase de… - hizo un gesto con la mano intentando encontrar una palabra que definiera su idea, al no encontrarla se dio por vencido y solo bufó – no hizo su trabajo de forma correcta y ahora tengo que ser yo quien lo arregle, como siempre.


Jimin le acercó el dossier, el señor Kim, cogió la taza de café para darle un trago y serenar sus nervios. Bueno, esa fue su idea, porque lo que hizo fue escupir el café no solo sobre las dos carpetas con los folios, sino que también sobre el pobre muchacho parado frente a él.


- ¿Pero qué mier…. – graznó furioso dejando la taza en la mesa – ¿Qué demonios es esto?

- Su café, señor…

- Mi caf….. dios mío…. No te despido porque no te pago… - el hombre se levantó furioso acercándose al joven que le miraba aterrorizado. – Vas, y escúchame bien atentamente… vas a recoger todo este desastre y vas a transcribir de nuevo página a página cotejándola con el original, el cual también tendrás que redactar de nuevo. Y los quiero ver, a última hora, en mi casa. ¿Has entendido? No mañana, no pasado, los quiero para ayer, ¿estamos?

- S-si señor Kim….

- Te sugiero que empieces ya mismo, tempus fugit 1 – dijo mientras se ponía su chaqueta y se peinaba el pelo.


Salió de su oficina y tras eso se paró en la mesa de Jin.


- Asegúrate de darle la dirección de mi casa a la bola de nervios y caos que está dentro de mi oficina. – y tras eso se fue de allí a su casa para intentar relajarse y prepararse mentalmente para lo que le esperaba con ese chico.


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Era ya casi de madrugada, caminaba por la calle, con los pies y las manos heladas en busca de esa casa de la cual Jin le había dado la dirección. Estaba agotado, tanto mental como físicamente. Había hecho todo lo posible por acabar pronto, pero no pudo terminar a una hora decente. Aun así decidió llevarle los documentos a su jefe. No tenía pensado llamar a la puerta, sino que se los dejaría en el buzón y le metería una nota bajo la puerta para que lo viera por la mañana antes de salir al trabajo. Sus dedos dolían de haber tecleado tan rápido como pudo y por tenerlos congelados, ya que no llevaba guantes y tenía las copias en sus manos.


Por fin encontró la maldita puerta, se acercó en busca del buzón pero, oh maldita sea, no tenía buzón. Bufó en busca de otra solución, pero los documentos no entraban bajo la puerta y no podía dejarlos ahí fuera. Intentó esconderlos bajo el felpudo de la entrada, pero estaba lleno de suciedad y bichos además de estar húmedo. Descartó esa idea intentándolo en todos y cada uno de los sitios poniéndose más y más nervioso a medida que el tiempo pasaba y él no lograba dar con la resolución a sus problemas.


- ¿Vas a seguir moviéndote por todo mi jardín? – dijo una voz grave, por lo que asustado gritó. – ¡Ya! ¡Niño que soy yo, el señor Kim, cállate o llamaran a la policía por escándalo publico!


Jimin se calló y se acercó a su jefe, extendiéndole los sobres con los documentos algo sucios por el tejemaneje que se ha traído en busca del lugar ideal para dejarlos.


- No pensaras que yo toque eso sucio, ¿no? – dijo el hombre por lo que el menor, intento limpiar el papel con sus manitas rojas e insensibles por el frío.


El hombre por fin reparó en el aspecto del becario, por lo que le ofreció pasar.


- Entra, puedes limpiarlos en la cocina – dijo apartándose de la puerta para dejarle pasar.


El chico entró y dejó los sobres en el suelo mientras se quitaba las botas, para no manchar. Después siguió a su jefe a través de la casa hasta la cocina, donde dejó los documentos sobre la isla que hacía las veces de mesa.


Sacó los folios con cuidado de no acercarlos a los sobres sucios, poniéndolos frente al hombre, quien los miró un poco por encima para después observar al menor frente a él, quien tenía las manos y la cara rojas del frío. Se preguntó cuánto tiempo habría pasado fuera.


En un arranque de cordialidad, se levantó y le preparó un chocolate caliente, porque según su madre eso era lo mejor para el frío invernal. Mientras lo preparaba el menor no había pronunciado palabra, ni tan siquiera se había movido ni un ápice, allí de pie como una estatua. Dejó la taza frente a él, y se sentó dispuesto a revisar los dossiers.


- Siéntate y tómate el chocolate mientras cotejo las copias. – ordenó y el joven no hizo más que obedecer, colocando las manos alrededor de la cerámica, para calentarse las manos mientras daba pequeños soplidos con el fin de enfriar la espesa bebida y así poder ingerirla.


Mientras el empleado, bebía el chocolate, sonreía haciendo que sus ojos se convirtieran en dos medias lunas, dándole un aspecto adorable y Namjoon se encontró perdido en esa visión casi etérea del muchacho con el pelo rubio dorado brillando bajo la luz de la bombilla, confiriéndole un aspecto imposible de ignorar.


Jimin, dejó la taza sobre la encimera, dejando ver su cara con mejor color, señal de que había recuperado el calor arrebatado por la fría noche. Namjoon dejó los papeles sobre la encimera y se levantó acercándose al menor, lamiéndole el rastro de chocolate que había sobre sus labios, similar a un bigote. No sabía por qué lo hizo, pero de repente sintió deseos de hacerlo. Sin más explicación. Lo achacó a una locura transitoria. Sí, eso debía de ser.


El menor por su parte estaba tan sorprendido, que si en ese momento le hubiesen pinchado, ni tan siquiera sangraría. Se quedó allí quieto como una estatua con el mayor cerniéndose sobre él y el pobre del becario, sin poder reaccionar. Ni pestañeaba. El hombre se separó de sus labios y volvió a su silla como si no hubiese pasado nada, dejando a Jimin petrificado y sin poder reaccionar.


Namjoon no podía dejar de mirar al más joven, mirando sus labios que de golpe se le antojaron demasiado apetecibles y jugosos. De repente tuvo una revelación divina en la que todos ganaban, o al menos eso pensó él.


- Park, estás despedido. – dejó caer como si nada. Pero eso hizo que Jimin despertara de su letargo.

- ¿Qué? ¡No puede hacer eso! ¡Hice todo lo que me mandó! ¡Le traje sus documentos!

- Sí, pero 4 horas tarde, no hay manera de retroceder en mi decisión. A menos que... - dejó la frase a medias intencionadamente.

- ¿A menos que qué? – preguntó curioso el joven.

- Eres becario... e imagino, que necesitarás un buen informe para tu Licenciatura en Derecho ¿me equivoco? – Jimin negó con la cabeza – Y supongo que el dinero de la beca es necesario para poder vivir en Seúl... Bueno... tengo un trato para ti... Yo te elevo de categoría en mi empresa, con lo que eso significa... y a cambio tú haces algo por mí...

- ¿Qué debo hacer? – agachó la cabeza.

- Tienes que hacerte cargo de un pequeño problemilla... dentro de mis pantalones. – señaló su erección.

- Yo no soy ninguna puta señor Kim – dijo intentando que no le temblara la voz.

- Piénsalo bien Park. – levantó una mano mientras hablaba – subir de categoría cobrando más dinero, con una carta de recomendación además de un informe favorable y con más privilegios o... - levantó la otra – irte a la calle, sin cobrar, con un mal informe sobre ti... y sin poder acabar la carrera.... Tú decides. Pero necesito la respuesta ahora mismo... este problemilla, comienza a doler...


Mientras Jimin sopesaba los pros y los contras de su sugerencia, Namjoon se lo comía con la vista, maldiciéndose en su interior por no haberse fijado antes en ese bomboncito con cara de ángel y cuerpo de pecado. Después del incidente del chocolate, se había fijado, no, rectifico, se había embriagado de su perfume unido a su dulce sabor, lo cual se había traducido en esa erección que ahora adornaba su entrepierna.


- ¿Y bien? ¿Qué has decidido? – su voz sonó un poco urgida.

- Sólo... ¿será una vez? – preguntó con miedo.

- Lo prometo. Será una sola vez.

- E-está... bien... lo haré... - su voz salió en apenas un susurro pero Namjoon le escuchó bien.


No esperó más, se acercó al menor agarrándole de la nuca para devorarle la boca, saboreando los restos del chocolate que había bebido antes. Al principio Jimin se quedó un poco cortado, sin saber cómo reaccionar de forma correcta.


"Vamos Jimin, esto no es algo que no hayas hecho antes, solo relájate y hazlo lo mejor que puedas... piensa que es un ligue de una noche como cuando empezaste la universidad" se intentaba animar el menor mentalmente. "Además, tengo suerte de que es atractivo"


Separó a su jefe apoyando las manos en su pecho para poder respirar y que le dejara llevar un ritmo con el que se sintiera más cómodo y menos asfixiado. Con cuidado, empezó a besar su cuello lentamente a la vez que sus manos comenzaban a desabotonar los botones de la chaqueta del pijama de seda del mayor, deslizándose sobre su pecho fuerte y firme. Sus besos fueron recorriendo todo su cuello, bajando hasta su clavícula, la cual delinea con la punta de su lengua, para seguir su camino hacia el sur, jugueteando con uno de sus pezones cuando llega a su siguiente parada, arrancándole un jadeo al mayor, por lo que sigue con su viaje a través de la piel del más alto.


Poco a poco se va arrodillando frente al abogado, mordisqueando la piel bajo su ombligo, tirando de los pantalones de seda para descubrir con sorpresa que no lleva ropa interior. No sabe por qué, eso le excita, pero no se para, sigue dejando besos cada vez más cerca de la erección pero sin tocarla. Si su jefe va a usarlo como un trato de favor, él va a jugar un poco con el mayor. Al menos, ya de hacerlo, que sea a su manera.


Acaricia las bolas del mayor, quien solo jadea en respuesta, enredando los dedos en el pelo rubio del chico, en un vano intento de que no se separe de su erección, la cual finalmente lame desde la base a la punta por toda su extensión, notando como la punta del glande está húmedo. Su lengua se pasea por su hendidura, notando como tiembla por su roce.


Cuando menos lo espera el mayor, se introduce el miembro en la boca, chupándolo como si fuera un caramelo, mientras una mano se mueve arriba y abajo por su eje, la otra masajeando los testículos. El mayor se tensa de placer, apretando el agarre en su pelo, para comenzar a mecerse contra esos labios tan carnosos y húmedos que se gasta el menor. Al principio lo hace de manera lenta y suave, pero poco a poco comienza a embestir su boca con profundidad, haciendo que el rubio relaje su garganta, para tragar todo su miembro, lo cual hace que Namjoon, esté más y más excitado y tenso, al punto de acabar corriéndose en su interior, sin poder dejar de observar como la boca del rubio con cara de ángel engulle todo su miembro mientras parte de su semen escurre por una de las comisuras, sin poder creerse que le haya hecho una de las mejores mamadas, solo superadas por las de los y las profesionales del amor.


Saca su miembro de la boca, descubriendo con satisfacción la carpa que se eleva en los pantalones del menor, mientras el rubio se relame los labios hinchados y abusados. Le hace ponerse en pie para poder besarle hasta perder el aliento, saboreando su propia esencia, lo cual hace que se excite solo de pensarlo, ya que es la primera vez que siente la necesidad de probarlo.


Mientras le besa con esa intensidad, desabrocha los pantalones del menor, bajándolos hasta medio muslo arrastrando de paso su ropa interior, rozando con suavidad la erección del más bajito. En un arranque de inspiración, empuja al rubio contra la encimera de la cocina haciendo que recueste su pecho sobre ella, arrancándole un gemido cuando su pene toca el frío material. Le separa las piernas y tras agacharse, dibuja con la punta de la lengua el contorno de su entrada, la cual lame varias veces antes de introducirla en su interior simulando embestidas. Cuela una de sus manos entre las piernas de Jimin, jugando con sus bolas y la base de su pene, haciendo que el pequeño gima y tiemble de placer.


Cuando cree que su lengua ha lubricado lo suficiente la entrada, introduce uno de sus dedos, comprobando que desliza con la suficiente soltura como para moverlo dentro, por lo cual añade un segundo y hasta un tercer dedo, dilatando sus paredes anales mientras el rubio se retuerce, pidiendo por más. Se fija en la erección del chico, hinchada y húmeda tan solo por el roce de sus dedos, moviéndolos en busca de su próstata, sabiendo que logra su objetivo cuando el menor se deshace en jadeos y contracciones, por lo que abusa de ese punto con sus largos dedos para, dejarlo completamente excitado y húmedo.


Con rapidez, se pone de pie y tras acercarse al trasero redondo y perfecto del becario, separa sus nalgas para llevar su erección, dura como una roca después de haber escuchado los sonidos que salían de la boca sucia del joven, empujándose con facilidad en su interior, lo que los hace gemir a ambos de placer. Se empuja lentamente dentro del chico, mientras su mano comienza a masturbarlo por lo que el menor se mueve contra su mano con rapidez y a la vez se empala lentamente en el miembro de su jefe.


Poco a poco van creando un ritmo que les hace jadear y gemir llenos de placer, Namjoon dándole algún que otro azote en las nalgas tan apetecibles de su empleado, para después moverse con rapidez y brío, produciendo ese sonido tan característico cuando las bolas golpean secamente el trasero del menor, quien intenta acallarse, mordiendo su propio puño. Pero no puede porque Namjoon sabe cómo y dónde embestirle para que el pequeño bomboncito se encuentre tan perdido en su propio placer que grite pidiendo más.


Cuando siente que va a terminar, su jefe sale de su interior, lo que le hace gruñir insatisfecho, cosa que deja de estar cuando Namjoon, lo sube a la encimera, haciendo que se recueste, para dejar su trasero al descubierto en cuanto sube las piernas a sus hombros, clavándole los dedos en la cadera a la vez que se empala en su interior de manera brusca y profunda, el menor encorvándose a causa de ese placer que le recorre entero.


El mayor abusa una y otra vez de su pequeño agujero, que traga todo lo que el hombre le ofrece, comprimiéndose involuntariamente cuando roza cierto punto, que hace que el abogado no pueda empujar todo lo rápido que quiera, ya que al estar más apretado la fricción es mayor y más lenta. Esas compresiones hacen que ambos estén al límite por lo que el abogado se inclina sobre el menor empujándose tan fuerte como puede mientras le besa de nuevo entre jadeos por parte de ambos hasta que no pueden aguantar más y el orgasmo les ataca con la fuerza de un tsunami combinado con un tifón.


Jimin se encuentra completamente sudoroso ya que no se ha quitado la ropa de abrigo que traía puesta, pero no tiene ni fuerzas para respirar, así que mucho menos para moverse. Sobre él se ha derrumbado el mayor, quien sin salir de su interior, respira en busca de apaciguar el ritmo frenético con el que su pecho sube y baja.


Cuando ambos respiran con normalidad, el mayor sale del interior del rubio, a quien toma en brazos, tras vestirse ambos.


- Vamos a la ducha. Puedes quedarte a dormir aquí, te has portado como todo un campeón. Quizá me piense lo de subirte a otro rango más cercano a mi...


El rubio no dice nada, solo se deja llevar por su jefe hacia el piso de arriba, donde una vez dentro del baño, se dedica a desnudarlo con lentitud, dejando expuesto el cuerpo musculoso que se esconde bajo las capas de tela. Namjoon se relame, notando como un agradable cosquilleo le recorre el cuerpo, quedándose acumulado en su entrepierna.


"Esta noche va a ser para recordar" piensa el abogado.


Sí, decididamente, ofreció un buen trato.



15. Mai 2020 22:20:23 0 Bericht Einbetten 1
Das Ende

Über den Autor

Blue Shoara No soy buena escribiendo, ni plasmando en palabras todas las ideas que me ocupan la mente. Escribo como hobby, sin embargo, espero que quien lea mis historias, sepa valorar el tiempo que he ocupado para escribirlas y al menos espero que lo disfrute tanto como yo. Me gustaría que si lees mis historias, me dejes un comentario siendo sincera/o. Es la única manera de mejorar los fallos o cualquier cosa que se deba mejorar.

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