nv_scuderi N.V. Scuderi

Él está seguro de que ella es su media naranja, pero todavía no sabe que primero él deberá cambiar para cumplir con la famosa frase


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Kurzgeschichte
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Naranja entera

Había algo, el famoso «no sé qué, que no sé cómo explicar» que me gustaba de ella. Creo que ya intuía una especie de conexión entre nosotros que me empujaba a pedirle salir conmigo luego del diario, a pesar de que rechazó todas mis invitaciones directas e indirectas.

Yo era periodista en el quinto piso del edificio y ella supervisaba la hemeroteca en la planta baja, pues el diario era uno de los más antiguos de Asunción. De modo que no nos encontrábamos tan de seguido. Únicamente cuando le pedía algún archivo para una nota especial nos dirigíamos la palabra y sólo lo necesario para nuestros deberes. Era complicado para mí mantener la conversación con ella.

Una noche tuve que salir muy tarde a causa de una noticia urgente que surgió. Era de madrugada, el clima estaba asquerosamente húmedo. Garuaba a ratos y una neblina difuminó los colores negros y anaranjados de las calles hasta mezclarlos en uno solo, ni con las luces altas podía avistar nada. Pensando que no había nadie más en la avenida, retomé planeando quedarme a dormir en mi escritorio, pero un camión de carga me embistió de frente. Los cristales de mi parabrisas y el parachoques destrozado del camión penetraron mis pupilas.

Durante un par de meses hice todas las consultas posibles y que mi billetera pudo ofrecer, pero no hubo caso. Tenía que vivir con sólo cuatro sentidos, sobra narrar lo mucho que me costó acostumbrarme al cambio, lo bueno es que me dieron tiempo para aprender el lenguaje braille y así conservar mi puesto en el diario.

Me atreví una vez más a invitarla a ella a platicar de alguna manera. Sólo platicar, confiaba en que me comprendería y, sin embargo, me dijeron que pidió ausentarse por unas semanas. Con ayuda, le dejé un mensaje para pedirle reunirnos cuando estuviera disponible, si le parecía. Nunca respondió.

Devastado por mi constante mala suerte, mis compañeros de la oficina creyeron buena idea levantarme el ánimo arreglándome una cita a ciegas... ¡A ciegas, yo, el ciego! Los mandé al diablo cuando me contaron que ya estaba fijada la fecha sin mi consentimiento y que no podía saber con quién ni en dónde hasta que llegara el día.

Sin alternativa, acudí a la cita a la hora de mi almuerzo, curiosamente, al fondo de la planta baja del edificio. De pronto, una mano tomó la mía para deslizar mis dedos sobre la superficie de un papel especial para decirme en silencio que me saludaba y que lamentaba lo que me sucedió.

Se lo agradecí. Una voz suave y un tanto desafinada replicó lento y con gran esfuerzo:

―No puedo escuchar, ¿te acordás? Vos intentabas hablarme con señas.

Caí en la cuenta de que era ella. Ella, con quien pobremente procuraba expresarme usando ese lenguaje que no dominaba casi nada cuando todavía veía porque, también caí en la cuenta, yo ya estaba ciego desde antes del accidente. Yo mismo alentaba su rechazo al no tomarme en serio su situación.

―Perdón por tardarme, quería aprender a hablar primero o hubiera sido aún más difícil comunicarnos, ¿cierto? ―dijo.

Sonreí y me disculpé también por haber sido un desconsiderado. Me convertí desde entonces en su oído y ella en mi vista, verdaderamente fuimos una naranja entera.

11. Mai 2020 00:28:16 4 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Das Ende

Über den Autor

N.V. Scuderi Licenciada en Comunicación Audiovisual, pero el amor a las historias a través de la literatura es más fuerte.

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Om Garcia Om Garcia
Muy bien. Una analogía a la media naranja desde un contexto más humano. saludos.
May 14, 2020, 19:49

Jorge F. Carrero Jorge F. Carrero
Que maravilloso que se pudieran complementar los protagonistas dentro de sus discapacidades. Felicitaciones por el relato.
May 11, 2020, 01:17

~